Spotify: Cloud Computing en beneficio de la música

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Tras la revolución que el escenario musical ha vivido en la última década, comentada en una reciente entrada en esta misma página, estamos viviendo una nueva ‘vuelta de tuerca’ en la transformación de la industria discográfica.

Los hábitos de consumo de música están cambiando. Ahora ya no necesitamos descargar las canciones a nuestro disco duro; lo que ‘se lleva’ es escucharlas en streaming. Se acelera la muerte de los discos duros como repositorio; lo importante es tener el acceso a los contenidos, no poseerlos. Se ha liberado a la música de su soporte físico y se usa ‘La Nube’ como disco duro virtual con ‘infinitas’ canciones.

Spotify es el nuevo rey; es fácil, rápido y con un catálogo completísimo que se amplia a diario (ha firmado acuerdos con todas las grandes discográficas, incluidas las cuatro majors [Universal, Sony, EMI y Warner], además de con numerosos sellos independientes). Tenemos toda la música que queramos, con una excelente calidad de reproducción, sin tener que ‘rascar bolsillo’.

Requiere instalar un cliente software en nuestro ordenador, para gestionar las canciones en la caché e interactuar mejor con el hardware, consiguiendo una reproducción muy ‘limpia’.
Una vez registrados, y con el programa activo, puedes escucharlo todo ‘por la barba’. Se teclea en el buscador el nombre del artista y se despliega su discografía (además de su biografía, críticas de sus discos, detalles acerca de bandas similares…). El programa usa un interfaz muy similar al de iTunes, que podemos emplear también para reproducir la música que tenemos en local.

Spotify nos ofrece la posibilidad de escuchar lo que quiero, cuando quiero y con servicios de valor complementario que permiten personalizar mi experiencia. Tenemos la posibilidad de crear nuestras propias listas de reproducción y compartirlas fácilmente con enlaces en redes sociales o en correos electrónicos. Se acabó aquello de “a ver si te grabo un ‘cedé’, que quiero que escuches un grupo buenísimo que he descubierto”; compartir canciones nunca fue tan fácil.

Spotify utiliza un modelo freemium. Además de por las subscripciones, consiguen ingresos por publicidad (en las versiones gratuitas saltan cuñas esporádicas de veinte segundos y algunos banners no demasiado intrusivos).

Existen dos modalidades gratuitas: Open (que solo permite veinte horas de reproducción mensual) y Free (sin limitación, pero accesible solo por invitación).
Hay también dos variedades de pago: Unlimited (sin publicidad) y Premium (que permite además un nivel de calidad de audio superior, acceder a las novedades antes de su lanzamiento y escuchar los temas sin conexión a Internet y desde dispositivos móviles).

Se han planteado dudas al respecto de la rentabilidad del modelo de negocio de Spotify. Hay que tener en cuenta que son necesarios enormes recursos hardware para atender a los más de diez millones de usuarios (de los que solo el cinco por ciento son ‘de pago’).
En el último año se ha visto que reporta beneficios la empresa Spotify AB y a las discográficas (sorprende entonces que estén retrasando el lanzamiento de la aplicación en los Estados Unidos). Los que se quejan son los artistas, que reciben muy poco dinero (Lady Gaga ganó solo 122 euros, en 2009, por un millón de escuchas de su éxito “Poker Face”). Aunque están casi todos, hay grupos de la talla de The Beatles, Metallica o Pink Floyd que se han negado a formar parte del catálogo de Spotify, debido a los escasos beneficios que les aporta.

Tenemos aplicaciones Spotify para las diferentes plataformas móviles (iPhone, Android, Symbian..), con lo que nos podemos llevar la música a cualquier parte y escuchar ‘radio a la carta’ (se acabó el oír lo que nos quieran poner, sometidos por criterios estrictamente comerciales).

Los equipos de sonido para las casas, coches, bares, pubs, discotecas… están dejando de reproducir CDs; están adaptados para conectar ordenadores, dispositivos móviles, memorias flash… y cada vez son más los que usan Spotify.

Las redes peer-to-peer ya no están de moda, sino en claro retroceso. Ahora se recurre a webs de descargas, como Megaupload o Rapidshare, o directamente a YouTube. Con el streaming lo tienes todo de forma más fácil e inmediata que a través de P2P; ya que no tienes que preocuparte por buscar, gestionar descargas, almacenar y transportar (va a ser cierto aquello de “Streaming killed the P2P star”).
Para los que aún no han asumido el nuevo modelo y sienten la necesidad de poseer los archivos, existen programas gratuitos (como Spotify Ripper, disponible para Windows y Mac) que permiten descargar las canciones de Spotify y crear un archivo MP3 para cada tema, rellenando automáticamente sus etiquetas ID3).

Last.fm es otra alternativa para conseguir música gratuita mediante streaming. Es un servicio de código abierto más orientado a compartir información, realizar recomendaciones en función de los perfiles de los usuarios… y tiene foros sobre grupos y eventos (es más una comunidad musical, con un enfoque más parecido al de las redes sociales).

El modelo que utiliza Spotify también es aplicable a películas y series de televisión. Pioneros en ello han sido los suecos de Voodler, un servicio similar, que ofrece cine y televisión a la carta (con más del ochenta por ciento del catálogo gratuito), en el que se pueden incluso ver películas de estreno. Tenemos numerosos ‘videoclubs online’ como Filmotech o Cineclick. La apuesta de Sony es Mubi, un servicio de streaming que permite ver cine por tres euros, con una tarifa plana mensual de doce. También es muy interesante la oferta de la española Filmin, centrada en el cine independiente. Esperaremos a ver quién consigue dominar el mercado.

Se tiende inevitablemente a vivir permanentemente conectado a Internet; es dónde está la gente, la información, los negocios, el ocio… pero no aislándonos, como ‘niños caracol’, sino complementando las relaciones personales directas con las nuevas formas de interacción 2.0, que eliminan barreras y aportan nuevas posibilidades.
No podemos desaprovechar los nuevos modelos para llegar a contenidos profesionales y de ocio; se nos aporta más información, de más calidad, fácil de encontrar, de forma instantánea. ‘Viviendo’ en Internet podemos acceder a los contenidos en Cloud, que están disponibles en todo lugar y desde cualquier dispositivo. El ejemplo de Spotify es evidente; ha revolucionado el modo de conseguir, almacenar, escuchar y compartir canciones, haciéndolo todo mucho más sencillo y rápido. ¡Viva ‘La Nube’!

 

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